El Grafo: ¿Qué son los trastornos de la alimentación?

Por: Lila Villarreal

 

Seguramente, muchos de nosotros nos hemos preocupado con frecuencia por nuestra imagen corporal, por nuestra apariencia física, por esos kilitos de más, así como por las lonjitas, la celulitis, las estrías, la pancita, la flacidez o el tamaño de nuestros músculos. En estas ocasiones, lo primero que solemos pensar es: “¡Me tengo que poner a dieta, me siento gordo/a y me veo horrible!”.

Creemos que es normal y hasta cierto punto sano decidir hacer algo con nuestro cuerpo e imagen corporal.  Lo sería, si ese “hacer algo” no implicara preocuparse, obsesionarse, dejar de comer, ayunar, comer e inducirse el vómito, comer y utilizar laxantes y/o diuréticos, hacer ejercicio compulsivamente, tomar medicamentos para adelgazar, practicarse cirugía estética… en fin.

Muchas  veces hemos escuchado frases tales como: “¡Qué bueno que está a dieta, lo necesitaba porque estaba muy gordo/a!”, “¡Qué gran fuerza de voluntad tiene!”, “¡Me siento gordo/a!”, “¡Realmente, todos los gordos son flojos y no tienen fuerza de voluntad!”, “¡Todos los gordos están enfermos!”, “¡Todos los gordos son feos!”, “Si estuviera más flaco/a sería guapo/a”, ”Si estuviera más delgado sería mi novio”… Cada uno tiene su frase preferida, ¿no es así?


Por otra parte, es normal que nos sintamos contentos y satisfechos al advertir que nuestros amigos, conocidos y familiares nos halagan y nos aceptan por haber decidido cambiar nuestra imagen corporal. Sin embargo, rara vez analizamos nuestros hábitos alimenticios, la relación que establecemos con la comida, o los métodos que utilizamos para perder peso.

¿Cómo vamos a cuestionar nuestra forma de comer, si la comida es tan vital y necesaria? ¿Cómo vamos a preocuparnos por algo tan obvio? ¿Y no es acaso igual de común el recurrir a remedios y medicamentos para adelgazar o el hacer ejercicio, incluso en exceso?

Habría que preguntarnos, sin embargo, qué sucede cuando este tipo de remedios ya no funcionan. Porque desafortunadamente, para muchas personas el hecho de ponerse a dieta y utilizar métodos para perder peso con el fin de no sentirse “gordos”, se convierte en una obsesión, en una manera de pensar, sentir y vivir la vida; en una idea fija que mantiene a la persona funcionando y le impide darse cuenta de que la comida y el hacer dieta no es el problema, y por lo tanto, privarse del alimento no es la mejor solución.

En efecto, llegamos a creer que si perdemos 3 ó 4 kilos, vamos a poder comprar ese vestido que tanto nos gusta, vamos a poder lucir mejor los jeans, vamos a empezar a hacer todo lo que hemos estado postergando; según esto, la persona que nos gusta se va a fijar en nosotros, la gente nos va a aceptar y, sobre todo, vamos a dejar de sentirnos mal. No siempre se logra perder peso y si esto sucede, generalmente se vuelve a recuperar. Este juego del “sube y baja de peso” trae como consecuencia una serie de sentimientos: vergüenza por no poder mantener el peso, culpa por comer, autoimagen devaluada por falta de aceptación y sentimientos de fracaso, enojo, depresión y coraje, por mencionar algunos. Asimismo, produce serios problemas en la salud.

Los trastornos de la alimentación son un amplio rango de padecimientos que se caracterizan por conductas alimentarias “anormales” o “atípicas”, creencias erróneas alrededor de la comida y/o hábitos alimenticios, peso y figura corporal, y distorsión en la imagen corporal. La obesidad se refiere al exceso de grasa en el cuerpo. La mayor parte de las personas con trastornos de la alimentación no son obesas. Y gente con obesidad mórbida no presentan trastornos de la alimentación; sin embargo, si pueden tener hábitos alimenticios caóticos.

La alimentación es personal y es una necesidad biológica básica, que necesitamos atender para mantenernos con energía y vida. Cada uno de nosotros nos alimentamos dependiendo de varios factores: lo que nos gusta o no, nuestros horarios y nuestros hábitos y costumbres. Pero también, la alimentación tiene que ver con olores, sabores, consistencia, aspecto, temperatura, lugares, horarios, disponibilidad, etcétera. De esta manera, diagnosticar un trastorno de la alimentación es complejo. Una persona que decide hacer una dieta y bajar algunos kilos, tiene que modificar su alimentación y seguramente restringir algunos alimentos y no necesariamente tiene un trastorno de la alimentación. Lo mismo sucede con algunas personas que por su actividad laboral; por ejemplo, bailarinas o atletas de alto rendimiento, tienen que mantener un bajo peso corporal, o personas que por cuestiones de salud como hipertensión, diabetes o cardiopatías, tienen que modificar sus hábitos alimenticios. Sucede lo mismo en algunas personas, que por cuestiones de religión, no pueden comer ciertos alimentos. De esta manera, en qué momento se convierte en un trastorno de la alimentación. Tienen que existir tres elementos importantes para poder considerar un diagnóstico formal: primero tener una conducta “anormal” o “atípica” con relación a la comida y al acto de comer; por ejemplo, hacer de cada comida un ritual extraño, comer en todo un día comida de color verde o cortar la comida en muchos pedacitos, comer cada 12 horas; segundo, tener creencias erróneas  alrededor de la comida o los hábitos alimenticios; por ejemplo;  creer que comer después de las 5 p.m. engorda, si se toman 2 litros de agua al día se adelgaza, si se come comida cruda no engorda, si no se cena, no existe aumento de peso corporal, etcétera. Y por último, tener una distorsión en la imagen corporal. Esto significa que la persona puede percibirse con más o menos kilos de los que realmente tiene, creer que es 2 ó 3 tallas más grandes o más chicas de las que realmente es. Todas estas conductas se llevan a cabo con la intención de no subir de peso, bajar de peso o controlar el peso.



Los trastornos de la alimentación se clasifican, según en DSM-V (APA, 2014), en:

  1. Pica
  2. Trastorno de Rumiación
  3. Trastorno de evitación/restricción de la ingestión de alimentos
  4. Otro trastorno alimentario o de la ingestión de alimentos especificado
  5. Anorexia Nerviosa*
  6. Bulimia Nerviosa
  7. Trastorno de atracones
  8. Otro trastorno alimentario o de la ingestión de alimentos no especificado

 

Estas ocho categorías tienen características propias, pero también poseen varias similitudes entre sí, que enumeramos a continuación:

 

  1. a) Obsesión por la imagen y la figura corporal
  2. b) Miedo intenso a engordar
  3. c) Alteración en la percepción del peso, la talla o la silueta
  4. d) Sentir que se pierde el control cuando se está comiendo
  5. e) El peso corporal determina la autoestima
  6. f) Sentir culpa o vergüenza después de comer
  7. g) Repetidos y fracasados intentos por hacer una dieta
  8. h) Comer o no comer para sentirse mejor emocionalmente
  9. i) Buscar momentos para poder comer a solas
  10. j) Comer cuando no se siente hambre

 

A pesar de que cada uno de los ocho trastornos se ubica en una categoría independiente, las similitudes entre ellos son mayores que las diferencias que se pueden observar.  Las diferencias se manifiestan en el aspecto conductual: las personas con anorexia nerviosa ayunan, mientras que las personas con bulimia nerviosa se provocan el vómito; algunas comen compulsivamente, en tanto que otras hacen ejercicio de manera compulsiva.

 

 

¿Cómo funcionan los Trastornos de la Alimentación?

 

Todos ellos se manifiestan a través de un ciclo, descrito en la siguiente figura:

 


            El ciclo se inicia cuando la persona tiende a sentirse “mal y gorda” y piensa que lo único que realmente ayuda para salir de esta situación es seguir comiendo, o adoptar cualquiera de las otras medidas mencionadas anteriormente, y que le brindan un alivio temporal.

Cabe señalar que en la actualidad, los trastornos de la alimentación son considerados en el ámbito de la psicología clínica como una entidad biopsicosocial —un trastorno multideterminado— y por esta misma razón, es importante tener una visión integral de dicho fenómeno, con el fin de poder brindar una información más veraz y medios de prevención más efectivos.

 

*  Los términos correctos  para el idioma español son: Anorexia Nerviosa y Bulimia Nerviosa.

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