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Fecha:
26 de Enero de 2009.
Hora de Publicación:
00:09 horas.
Universitarios de la UNAM encabezan el
proyecto del observatorio HAWC
*
Estará formado por 900 contenedores de agua y con ellos pretenden
superar el estudio anterior del universo
*
La parte científica está a cargo de la integrante del Instituto de
Astronomía de la UNAM, María Magdalena González Sánchez.
Boletín/D.F., México.-
¿Te imaginas un
observatorio formado por 900 contenedores llenos de agua cristalina, con
el que se pretende estudiar el cosmos para encontrar nuevos fenómenos y
superar lo realizado por observatorios actuales y anteriores, y que sea
comandado por universitarios?
HAWC (High Altitude Water Cherenkov) es su nombre, y es un proyecto que
inició su desarrollo en México, con la participación de especialistas
nacionales, quienes probaron que no había mejor sitio para colocarlo que
el volcán Sierra Negra, al oriente del estado de Puebla.
Este desarrollo ha reunido a un número importante de investigadores
mexicanos de diferentes áreas, como de los institutos de la UNAM; del
Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica; del Centro de
Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional;
de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla; de las universidades de
Michoacán, de Chiapas, de Guanajuato y de Guadalajara, entre otras.
Su
antecesor, el observatorio Milagro, ubicado en el Laboratorio Nacional
de Los Álamos, en Nuevo México, Estados Unidos, logró identificar dos
regiones inesperadas con exceso de rayos cósmicos, partículas
energéticas provenientes del espacio, que impactan la atmósfera
terrestre, reconocidas a través de cascadas de partículas secundarias.
Hasta antes de ese descubrimiento, los científicos creían que esos rayos
llegaban a la Tierra sin una dirección preferencial, pues varias veces
son desviados, en su paso por la galaxia o por campos magnéticos.
Más aún, en la dirección donde se observan estas dos regiones no hay
fuente astrofísica conocida lo suficientemente cercana para que los
rayos cósmicos que pudiese emitir conserven su dirección. Incluso, para
partículas no cargadas como neutrones, la distancia de la fuente más
inmediata es 13 veces mayor que la que pueden viajar antes de decaer.
Una de esas regiones está en dirección opuesta al movimiento de nuestro
sistema solar, y sugiere una relación con efectos desconocidos, causados
por el campo magnético, lo que cuestiona el entendimiento del mismo.
Este descubrimiento de Milagro ha sido catalogado, por el Instituto
Americano de Física, y la Sociedad Americana de Física, uno de los 10
resultados más importantes del 2008, tan relevante como el inicio de
operaciones del Large Hadron Collider, del CERN.
La
investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM, María Magdalena
González Sánchez, que ha participado en el proyecto desde 2002 –fecha en
que se terminó de instalar Milagro–, cuando aún era estudiante de
doctorado, relató que con los primeros resultados, surgió la necesidad
de un observatorio mayor y más sensible.
Así, ahora HAWC será la segunda generación del observatorio de rayos
gamma, que consiste en un conjunto de 900 tanques, y superará en tamaño
y sensibilidad al anterior, “será 15 veces mejor que el proyecto
Milagro, principalmente porque estará a cuatro mil 100 metros sobre el
nivel del mar, y su superficie será cinco veces mayor”.
Cuando los científicos mexicanos –en particular el Instituto Nacional de
Astrofísica Óptica y Electrónica– se enteraron que el volcán Sierra
Negra era una posible sede para colocar el nuevo proyecto, que competía
con el Tíbet, en China, y Chacaltaya, en Bolivia, realizaron estudios de
sitio para evaluar su factibilidad; así, en julio de 2007, en el
Congreso Internacional de Rayos Cósmicos, realizado en Mérida, Yucatán,
se decidió que el país sería el lugar ideal”.
Aunque está encargada del desarrollo científico, González Sánchez se
involucra en otras áreas; desde el año pasado, han buscado
financiamiento y consolidar la participación mexicana.
La
construcción de HAWC inició con la instalación, en noviembre, del primer
tanque –financiado por la UNAM–, cerca del Gran Telescopio Milimétrico (GTM);
ahora se tienen dos más, costeados por la Universidad de Chiapas.
Además, ya no es una alberca, sino un conjunto de depósitos de 3.6
metros de diámetro por 4.5 de altura, cada uno, que contendrán cerca de
45 mil litros de agua, apuntó.
Así, cada vez más mexicanos, en especial universitarios, se involucran
en el proyecto, “queremos estar a la par con los estadounidenses y tener
la misma oportunidad de decisión y aprovechamiento de datos”, dijo.
La
siguiente fase consiste en desarrollar los aspectos científicos; aquí,
los especialistas del Instituto de Física realizan parte de la
instrumentación; los de Ciencias Nucleares crean el software para la
simulación del observatorio y el análisis de datos, y el Instituto de
Geofísica, trabaja en el estudio de ráfagas solares.
Con esta nueva herramienta para contemplar el universo, se pretende
buscar materia oscura, estudiar ráfagas solares y objetos astrofísicos,
como destellos de rayos gamma y centros activos de galaxias, además
mirar la muerte de hoyos negros primordiales; incluso, lograr lo que no
se pudo con Milagro: entender esos centros activos y hacer correcciones
a la velocidad de la luz, pues se cree que ésta no es constante, acotó.
Por su parte, el investigador del Departamento de Física Experimental
del Instituto de Física (IF), Rubén Alfaro Molina, explicó que aunque en
esta entidad están involucrados en experimentos con aceleradores, el
proyecto HAWC representa una interfase entre lo que saben hacer y lo que
se necesita estudiar. “Esta parte de la astronomía no había sido
explotada en el país, pues requiere de técnicas de origen nuclear para
la detección”.
El IF se
encarga de hacer el prototipo, que inició con la instalación del primer
tanque; con ello, se demuestra que México está a la altura del proyecto,
sostuvo. “El próximo año se espera concluir el desarrollo de la
infraestructura, para colocar el resto del arreglo original”.
Aunque el
tanque no está instrumentado al 100 por ciento, se realizaron algunas
pruebas, y se ha demostrado que “será el único observatorio de su tipo
en el orbe, un instrumento de primer nivel, al que se le adicionarán dos
telescopios; será un laboratorio de primer mundo, aseguró.
Finalmente,
el investigador del mismo departamento del IF, Ernesto Belmont Moreno,
resaltó que aunque parece primitivo utilizar un mar de tanques con agua
pura como sistema de detección de luz, la intensidad y el tiempo en el
que se encontrarán los destellos luminosos será información crucial.
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