El canto de la rana arborícola, una especie en peligro de extinción

Por María Gabriela López Suárez

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. 8 de enero de 2019 (Agencia Informativa Conacyt).- ¿Alguna vez te has preguntado si las ranas se enamoran o cómo se cortejan? El mundo de los anfibios y reptiles está lleno de conocimientos que se estudian desde la herpetología, estos animales son temidos por considerarlos venenosos, sin conocer que detrás de ellos hay historias sobre su hábitat, la manera peculiar en que se cortejan, además de los aportes que brindan para la conservación y salud. Para el biólogo Luis Antonio Muñoz Alonso, técnico académico de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), las ranas son “príncipes encantados del bosque”.




Egresado de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Luis Antonio Muñoz se ha especializado como herpetólogo, en el estudio de la ecología de este grupo de vertebrados. Ha trabajado en Guerrero y Oaxaca, en 1987 llegó a Chiapas y siguió estudiando anfibios y reptiles, sobre todo la herpetofauna de las tierras altas y se especializó en anfibios.

Ha participado en proyectos grandes como el estudio de la herpetofauna de la Reserva El Triunfo, la Reserva El Ocote, del Tacaná, herpetofauna de áreas naturales protegidas, principalmente de Chiapas. También ha trabajado con ranas y tortugas dulceacuícolas en la Selva Lacandona.

En un proyecto realizado por seis años en la Reserva El Ocote —donde trabajaron con anfibios y reptiles—, obtuvo recursos del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Es uno de los dos investigadores que trabajan este tema en Ecosur, el otro es un investigador en Ecosur Chetumal.




Actualmente estudia los anuros, ranas y sapos, uno de los tres órdenes que constituyen el grupo de los anfibios. Entre algunos aspectos está la quitridiomicosis, enfermedad provocada por un hongo que ataca a los anfibios sin cola, las ranas y sapos. Recientemente, en colaboración con el estudiante de biología Luis Javier Caloca Peña, terminó la primera parte de un proyecto de investigación sobre rana arborícola (Ecnomiohyla valancifer), especie en peligro de extinción y microendémica, que se distribuye en la comunidad El Pozo, Berriozábal, Chiapas y en la región de los Tuxtlas en Veracruz.

 

Mitos y realidades sobre los anfibios y reptiles
Con más de tres décadas de experiencia de trabajo con los anfibios, Luis Antonio Muñoz señala que se tiene una falsa idea que todos son venenosos. Refirió que las ranas son los “príncipes encantados del bosque”, y también los reptiles, haciendo alusión a la malvada bruja que castigó al príncipe y lo convirtió en sapo, “quién iba a besar a los sapos, aparentemente son feos, venenosos, y no es cierto, son animales con colores muy vistosos, han ayudado mucho a la ciencia”.

Refirió que muchas sustancias de las ranas se han utilizado para resolver problemas de salud, las primeras pruebas de embarazo fueron resultado de las hormonas de los anfibios, y en el campo de la biología, los estudiantes usan ranas para conocer la anatomía animal.

“Imaginemos, sin ranas habría plagas de insectos, sin serpientes habría plagas de roedores, ayudan a controlar muchas plagas y han resuelto problemas en cuestiones de salud, a lo mejor no se van a convertir en gallardos príncipes si los besamos pero sí se van a convertir, si los estudiamos, en soluciones concretas para cuestiones de salud y conservación”.400Ecnomiohyla-valancifer_México,-Chiapas,-Berriozabal,-ZSCE-La-Pera,-El-Pozo-Turipache_22-Septiembre-2017_16.86126-093.33513-1184msnm_Antonio-Muñoz_07.jpg




Ranas arborícolas, especie microendémica
En la primera etapa del proyecto de investigación, Luis Antonio Muñoz explicó que trabajaron los aspectos reproductivos de ranas que son raras en México y Chiapas. “Son especies endémicas, inclusive algunas son microendémicas, solo están en puntos muy pequeños dentro de la república mexicana, aparte de ser raras en apariencia, su distribución es muy restringida, casi no se conoce nada de ellas. Un ejemplo es la rana arborícola de los Tuxtlas, especie que solamente, desde que se describió más o menos hace 40 años, se tenían tres o cuatro ejemplares bien fijados, que sabíamos las localidades correctas de donde habían sido registradas en los Tuxtlas, en Veracruz”.

De acuerdo con el Instituto de Ecología (Inecol), de todos los grupos de vertebrados, el de los anfibios es el que presenta el mayor número de especies endémicas a Veracruz, con más de 30 especies. La mayoría son ranas arborícolas y salamandras o tlaconetes, como se les nombra regionalmente. Se caracterizan por tener rangos de distribución muy restringidos.

El proyecto contó con financiamiento del Institute of Integrated Sciences de la Universidad de Koblenz, Alemania, para trabajar en los dos sitios, en los Tuxtlas, Veracruz y en la comunidad El Pozo, Berriozábal, Chiapas. En esta última, el estudiante Luis Javier Caloca Peña encontró dos ejemplares, un macho y una hembra.

Durante el trabajo realizado por varios meses, emplearon técnicas tradicionales del muestreo de anfibios, sin encontrar ejemplares de esta rana, inclusive vino gente de Alemania, las buscó y solo encontraron un ejemplar en los Tuxtlas. Ante esto, los investigadores comenzaron a cuestionarse por qué esta especie es muy rara.

“Tiene aspectos ecológicos muy importantes, muy interesantes, uno que son totalmente arborícolas, rara vez bajan al suelo; dos, al parecer tienen otra forma de reproducirse, de cortejo, que la generalidad de las ranas. Al ser microendémicas su hábitat está desapareciendo y dependen del agua para reproducirse, pero en los árboles hay pocos cuerpos de agua que les sirvan”, dijo el herpetólogo del Ecosur.




¿Cómo se enamoran las ranas?
El cuestionamiento de los investigadores los llevó a plantearse cómo se reproducían estas ranas, dónde se reproducían, cuál era su sistema de cortejo y con eso, empezaron a aplicar nuevas técnicas que descubrieron la atracción de las especies a través del canto.

“Una vez que estábamos en el campo escuchamos a un macho, era la primera vez después de varios meses de estar ahí. Era un canto después de las seis, siete de la tarde, el macho canta para atraer a la hembra, como la generalidad de las ranas. Teníamos grabaciones y la pusimos. Al otro día fuimos otra vez al sitio a donde habíamos escuchado el canto y pusimos el canto del macho y empezamos a escuchar un canto que era un poco diferente y que se parecía mucho al canto de una hembra, que había sido grabado en cautiverio. Y empezamos a escuchar los cantos, e inclusive cómo los cantos de las hembras se oían más cerca. Y eso significaba que la hembra iba a buscar al macho”.

Entre los descubrimientos señalados por Luis Antonio Muñoz, “lo extraño fue, primero, que es un grupo donde la hembra canta, casi en la mayoría de los grupos de las ranas las hembras no cantan, solamente escuchan el canto del macho, se acercan para reproducirse. En este caso, la hembra canta y diferente, un canto más suave, más pequeño, en términos generales. Y cuando ya estaban cerca de lo que presumían era el macho, porque era una grabación, empezaron a cantar al mismo tiempo dos o tres hembras que se fueron acercando”.

Ante este cortejo los investigadores asumieron que había una selección del macho a las hembras, en otros grupos es al revés, las hembras seleccionan al macho por el canto, “por qué decimos que selecciona el macho, porque hemos encontrado que esas ranas, junto con la información que nos pasó la gente de Alemania, buscan lo que nosotros llamamos nidos. Los nidos son huecos en los árboles que se llenan de agua, son raros, nosotros hemos subido árboles, hemos buscado en decenas de árboles y pocas veces encontramos estos nidos”.

Lo anterior se convierte en un factor limitante, al no encontrar las ranas macho estos nidos en los árboles, pero una vez encontrados empiezan a cantar, lo que constituye un éxito reproductivo de los machos.



En la investigación referida por el biólogo Luis Antonio Muñoz, mencionó que todas las veces que pusieron la grabación llegaron hembras al macho. “En un periodo de ocho meses que estuvimos trabajando en la primera fase, de tres o cuatro registros que hubo históricamente durante casi 40 años, nosotros tenemos 12 registros de la especie en un periodo de ocho meses”.

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Aportes de la investigación
Los experimentos realizados les ayudaron a entender lo que sucede con este grupo de anfibios, especies raras porque viven en el dosel. En su proceso reproductivo, el macho selecciona a la hembra y hay un factor limitante que son los nidos, “nosotros asumimos que la especie que está en El Pozo podría ser una especie diferente o una subespecie, muy relacionada con la que está en Los Tuxtlas”.

Apariencia de los huecos artificiales ya instalados, México, Chiapas, Berriozabal, El Pozo Turipache.
En el ámbito metodológico también ha dado aportes, “quizá las técnicas de muestreo que se han utilizado en el pasado no son lo suficientemente eficientes, porque vamos caminando sobre el suelo, pocas veces miramos hacia arriba y sobre todo que los machos necesitan encontrar ese nido para poder cantar, si no, no cantan”.

En cuanto a los hábitos reproductivos de las ranas, les ha permitido describirlas como especies microendémicas o de distribución muy restringida, “son especies que solamente han sido localizadas en áreas bien conservadas, eso significa que alteraciones no perceptibles en selvas o bosques están afectando a estas especies importantes desde el punto de vista filogenético y ecológico”, puntualizó el especialista.

A través de las ranas se encuentran indicadores de conservación de biodiversidad, “si desaparecen estas ranas o tienen comportamientos diferentes, nos están señalando que esos sitios tienen problemas de conservación, aunque aparentemente haya árboles. A veces el concepto de conservación o alteración del hábitat lo tenemos distinto al de la realidad, hablamos de que está bien conservado si hay árboles, si no hay árboles entonces no está bien conservado”.

Según el Inecol, “los expertos coinciden en que la destrucción del hábitat es la principal amenaza que enfrenta la mayoría de las especies endémicas para su existencia. Pero los anfibios y los peces padecen peligros adicionales. Los especialistas consideran que en México los anfibios están más amenazados que cualquier otro grupo de vertebrados”.




Innovar en las técnicas del trabajo de campo
Cuando se realiza la búsqueda de anfibios y reptiles, la técnica generalizada que emplean es caminar en transecto, puede ser de extensión variable, un kilómetro, dos, depende del estudio, van revisando entre las rocas, las ramas, debajo de los troncos y toman nota de lo observado.

“Otra es que vamos a los sitios de apareamiento; en épocas de lluvia, las ranas suelen ir a sitios donde hay agua, donde se forman charcas, hay pequeñas represas, pantanos y seguro que ahí están los anfibios cantando, llamando a las hembras y son grandes concentraciones en algunos sitios”, puntualizó el herpetólogo.

En el trabajo con ranas arborícolas que no bajan a los cuerpos de agua y se reproducen arriba, los investigadores emplearon nuevas técnicas, “nosotros utilizamos técnicas para subir a los árboles y buscarlos. Subíamos a los árboles más grandes, revisábamos entre las ramas, pero el proceso es complicado, el equipo no es barato; segundo, subir a un árbol mientras pones la cuerda, la línea, mínimo una hora, el esfuerzo de subir es agotador”.

Ante la situación anterior, la técnica que decidieron emplear fue poner cantos grabados, “es una técnica, si no totalmente nueva, nos ha resultado muy novedosa para este grupo, yo creo que va a funcionar para todas esas especies que son raras y que viven en el dosel. Esta técnica nos permitió que, a través del canto, las ranas bajaran del dosel y llegaran al suelo”.

Con estas nuevas técnicas, los investigadores no necesitaban caminar kilómetros, colocaban su bocina, reproducían el canto y esperaban que llegaran las ranas, lo que permitió las observaran en su hábitat y pudieran describir.

“Estas ranas tienen las manos y patas muy membranadas, cuando saltan entre árbol y árbol como que planean un poco, esa es la novedad de la técnica. Tiene 90 por ciento de efectividad, de 10 veces que lo pusimos, nueve veces llegaron ranas hembras de la especie”.

A decir del biólogo, la rana arborícola es muy vistosa, algunas verdes, otras con tonos verdes más oscuros, jaspeado, son grandes, miden en promedio entre ocho y nueve centímetros, con patas muy gruesas y fuertes.

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Continuidad de la investigación
Luis Antonio Muñoz destacó que pretenden iniciar una segunda fase de la investigación para hacer aspectos de manejo y educación ambiental, se encuentran trabajando en el financiamiento. En esta segunda etapa, se pretende fabricar nidos artificiales para las ranas, ponerlos en la parte alta de los árboles, como sitios para que empiecen a reproducirse y con eso aumentar su población.




El estudiante Luis Caloca Peña, colaborador de investigación de Luis Antonio Muñoz, obtuvo financiamiento del Programa de Liderazgo de Servicio, una iniciativa encabezada por Impacto Café, A.C. y financiada por la Fundación Kellogg, para iniciar un proyecto en la comunidad Tierra y Libertad, que colinda con la región de El Pozo, con lo que se da pauta para que los dos investigadores continúen trabajando, retomando resultados del proyecto anterior.

Después de la primera etapa de trabajar en El Pozo, los investigadores han notado que el sitio cuenta con alta riqueza biológica, por lo que hay que atender no solo el aspecto biológico y faunístico sino también el aspecto social, identificar aquellas localidades cuyos habitantes desarrollen actividades que impacten directamente sobre el hábitat de esta especie de anfibio, como la extracción de recursos forestales.

“Para tratar de complementar, queremos destacar en la parte social, el objetivo es que la gente comprenda que la región de El Pozo es un sitio de alta riqueza biológica, la importancia de los anfibios y cómo todo esto influye en el crecimiento de su capital natural, social y económico. Es una iniciativa que ya se está echando a andar”, expresó Luis Caloca.

El proyecto contempla nueve meses de duración; sin embargo, debido a que el financiamiento es limitado, únicamente buscan sentar las bases para la conformación de, al menos, un grupo de personas que dé continuidad al monitoreo de especies de mediano y largo plazo.

El herpetólogo refirió que en este proyecto buscan replicar con los jóvenes la formación de monitores comunitarios, gente de la comunidad a la que capaciten in situ, primero como ayudantes en el muestreo, luego colaboran en la manipulación de los animales, una combinación del conocimiento tradicional y el técnico.

El investigador del Ecosur resaltó que tienen interés en continuar conociendo mejor esta especie de rana microendémica y de trabajar al menos tres años en la zona; el trabajo realizado les permite contar con suficiente información para complementar la descripción de la especie, que fue descrita con dos ejemplares, falta aportar más datos de la variación que tiene la especie y sobre todo de ejemplares adultos.

Una de las tareas por realizar es trabajar un artículo académico para redescribir la especie, la técnica empleada y su efectividad, para ello necesitan mayores datos estadísticos que se tendrían con la segunda fase del proyecto.




Luis Caloca Peña, a partir de su experiencia de trabajo con Luis Antonio Muñoz Alonso, comentó “lo que más cuesta es la obtención de recursos para la ejecución de estos proyectos y además de la falta de coordinación entre instituciones para facilitar los trabajos, sin lo anterior los avances científicos en el área son muy pocos y a un ritmo deficiente, lo que puede ser contraproducente ya que podemos no llegar a tiempo antes de que algunas especies desaparezcan, pues en cuanto más se conozcan, más a fondo se podrá comprender el impacto de las amenazas, y más precisas y efectivas serán las soluciones que se propongan para protegerlas”.

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